CARTA BLANCA A CRISTINA MORALES

Centro Dramático Nacional - CDN

Las novelas y los teatros son certificaciones del fracaso de la vida. Es sublimando todo lo que querríamos hacer y no hacemos como nace la literatura, por citar sólo una de las bellas artes. Lo dice la maestra Angélica Liddell: escribo porque no tengo un fusil.

Las reunidas en esta mesa, a saber, Carla García Domènech, Víctor Balcells, Soren Evinson y Cristina Morales, si tuvieran un fusil, tampoco sabrían qué hacer con él. Hasta de eso estamos desposeídos los artistas en el malhadado año 2022. Debemos aprender balística juntas. A García Domènech se la conoce por haber fundado al ser mitológico de la puta gratis, cuya acción directa ha sido censurada hasta (y sobre todo) en la CNT. Balcells, hacker estepario, echa las cartas en torneos clandestinos de artes marciales para adivinar la certeza de los golpes que están a punto de propinarse. Evinson es uno de esos artistas marciales y opina que desde que le rompen la cara todos los fines de semana y a veces entre semana le quedan mejor las mallas nijinskianas, y más limpios le salen los falsetes. A Morales un padre carmelita descalzo la llamó, delante de una iglesia llena de fieles y de guiris, guerrillera kurda, cosa de la que aún no se ha repuesto, pues ni ella ni ninguno de sus correligionarios reunidos en esta mesa no es que no tengan, es que no saben usar el fusil. No sabríamos usar el fusil que tiene y usa la guerrillera kurda. No sabemos.

Por eso y mientras nos organizamos para la necesaria instrucción colectiva, nos burlamos de e impugnamos la archiconocida soflama pacifista de Manu Chao, esa de que si le dieran un tanque, lo estropearía. Ese tanque que Manu Chao desprecia desde su privilegio sobradamente conocido es nuestra autodeterminación sexual. Ese tanque por él despreciado es, para nosotros, la emancipación de nuestros patrones. Ese tanque que el hombre blanco occidental que llena estadios pretende malograr es la ruptura del monopolio legítimo de la violencia por parte del Capital y el Estado. El carmelita descalzo igual no iba tan desencaminado. No llevamos fusil, pero parece que lo llevamos. Así de mala leche tendremos, así de esposas del César seremos: hay que ser violenta y parecerlo. Y no es sino para sofisticar nuestra apariencia (mientras hacemos lo que de verdad nos interesa, o sea, prácticas de tiro y postporno) que escribimos novelas y hacemos teatro.

Cristina Morales

Periodo de exhibición

31 octubre

Duración

90 minutos

Participantes

Cristina Morales, Víctor Balcells, Carla García Domènech, Søren Evinson